-¡¡Abre el puto maletero!! ¡Joder!Estábamos a más de 700 kilómetros de nuestro destino y los tres sabíamos que no iba a ser tan fácil como cuando lo encontramos en la ciénaga por primera vez.
-Como no esté ahí, como el puto Innombrable de los huevos no esté ahí dentro, entonces..., entonces tenemos un problema.
-¡BLAM!
Tan sólo hizo falta un golpe seco en esa lata vieja, y se abrió prácticamente solo, chirriando en la oscuridad del páramo.
En ese momento mi deseo me jugó una mala pasada y me pareció verlo encendido otra vez pero no, esta vez fue distinto, se había desvanecido.
No estaba y sin embargo...brillaba.









